viernes, 9 de enero de 2015

Inmigración americana: aspectos negativos

La gente va desde los países en vías de desarrollo hacia aquellos países más avanzados, esta es una realidad actual, pero para principios del siglo XIX la realidad era otra. Muchos inmigrantes provenientes de Europa decidieron aventurar en un país recién nacido, pero que prometía grandes oportunidades de crecimiento y bienestar para sus ciudadanos. Desde los primeros años del siglo XIX hasta el año 1922, llegan a Estados Unidos 38 millones de inmigrantes llevando consigo una heterogeneidad social que genera conflictos y problemas, pero también trae ventajas considerables para la ciudad.

La llegada de los inmigrantes posee efectos económicos múltiples sobre la ciudad, ya que aumenta la cifra de productores y de consumidores. La demanda local tiene consecuencias sobre el desarrollo económico local y regional. Así también, con el tamaño crece y se diversifica el mercado de trabajo, ya que los inmigrantes pueden poseer habilidades enriquecedoras para las actividades económicas de la ciudad. Aunque por otro lado, una parte de esos inmigrantes proceden de un medio rural y poseen destrezas que no son de utilidad en el sistema productivo urbano, lo que lleva a una reorganización de actitudes, conocimientos y conductas para el beneficio del país.

Resentimiento del ciudadano americano por la pérdida de empleos
Aunque para los empleadores, utilizar los servicios de los inmigrantes era de mucho beneficio, los inmigrantes representaban un problema para los trabajadores nativos estadounidenses. Estos empezaron a resentir las actitudes sumisas de los trabajadores extranjeros, los cuales estaban dispuestos a trabajar más que ellos por incluso menores salarios. De esta manera se comenzaron a establecer leyes prohibiendo la entrada a los chinos en 1882. Los japoneses fueron excluidos en 1907, mientras muchos otros inmigrantes tenían libertad para entrar a Estados Unidos.

Otra consecuencia del resentimiento de los trabajadores fue la creación de sindicatos. La formación de la clase proletaria en Estados Unidos, procedente de la inmigración de Europa y Asia tuvo características que marcaron el desarrollo organizativo independiente. Hacia 1880 la oposición de los sindicatos obreros se hizo más viva mientras que los empresarios defendían la libertad de entrada que creaba una competencia más aguda del lado de la oferta de trabajo. Esta aportación de mano de obra extranjera pudo, en un momento, presionar sobre los salarios, lo cual representó una ayuda suplementaria al éxito económico de este país.

Formación de guetos
La diversidad de orígenes que trae consigo la inmigración no se ha producido exenta de dolor o sufrimientos. La incorporación e integración del inmigrante a la vida urbana, no se hace sin dificultades. Es una realidad el conflicto social generado por las profundas diferencias sociales y culturales.

La segregación y los guetos son igualmente una constante de las ciudades desde la antigüedad. Los grupos marginados se situaban normalmente en lugares aparte: barrios de parias, judíos, morerías, barrios indígenas en las ciudades coloniales, trayendo en muchos casos hacinamiento, enfermedades y conflictos sociales, incluido el crimen.

Lacras humanas
Otro de los aspectos negativos que tuvo la inmigración descontrolada lo fue la invasión de gente indeseable, según la opinión de los estadounidenses nativos, que llegó del extranjero. Para el año 1890 los norteamericanos, ya cansados de los inmigrantes se quejaban de la invasión de despojos físicos, morales y mentales de Europa y consideraban que era un tipo de gente del que podían prescindir, lo que provocó que muchos pensaran que Nueva York se había convertido en un lugar lleno de gente ignorante, viciosa y depravada que no merecía ser considerada de la raza humana.

El problema principal es que se trataba de inmigrantes pobres, judíos, delincuentes, latinos (italianos), católicos, socialistas, es decir, representantes de la diversidad de grupos sociales, entre los que también estaban las lacras sociales, como les llamaban los norteamericanos blancos, anglosajones y protestantes.

A pesar de los conflictos o dificultades generadas o encontradas en un nuevo país, la inmigración ha tenido consecuencias positivas para el desarrollo de la cultura, de la economía y de la sociedad en un país llamado Estados Unidos.

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