lunes, 22 de diciembre de 2014

Ensayo sobre "El hombre rutinario" de José Ingenieros

José Ingenieros en su ensayo El hombre rutinario nos habla de la rutina que el hombre vive día a día, sin darse cuenta o sin querer salir de ella por no tener que pensar, por no tener que actuar, por no tener que enfrentarse a experiencias nuevas y edificantes. El hombre prefiere la seguridad de hacer lo mismo todos los días porque le ha funcionado muy bien, lo aleja de problemas, de circunstancias que tal vez no puedan controlar.

El autor califica de mediocres a aquellos que se dejan atrapar por la rutina, que no permiten que se turbe su tranquilidad al tratar de probar cosas nuevas. Mediocres aquellas personas que por no pensar hacen suyos los ideales y los prejuicios de otros, convirtiéndose en un rebaño, donde todos comparten las mismas actitudes. Volviéndose todos, faltos de razonamiento y de inteligencia individual, ya que razonan con la lógica de otros, y por tal razón, el talento individual se puede perder ante tanta rutina porque según el autor, la mediocridad es más contagiosa que el talento.

Para Ingenieros la valía del hombre está en sus conocimientos, en su cultura. El hombre ignorante siente que el adquirir conocimientos es una pérdida de tiempo, un esfuerzo que no dará ningún fruto, envenenándose y empachándose de cosas innecesarias. Esta falta de acción vuelve al hombre torpe, tonto, absurdo, falto de opinión, tanto así que le huye a las personas que tienen sus propios razonamientos, siendo faltos de tolerancia ante los ideales de otros. Mientras que el pensador, el creador de sus propios ideales es tolerante y respetuoso ante las creencias ajenas. “La tolerancia de los ideales ajenos es virtud suprema en los que piensan”.

Los hombres rutinarios prefieren su estado inerte a descubrir las verdades que demuestren sus propios errores, que hagan caer sus propias creencias. Desconfían del conocimiento, arraigándose más a sus propios prejuicios, llamándose prudentes, cuando en realidad son faltos de curiosidad, y llenos de cobardía. Sus inteligencias son como aguas muertas que se descomponen y sus espíritus esclavizados por sus propios prejuicios.

El autor expresa que si todos los hombres hubieran sido rutinarios no hubiera ocurrido la evolución, pero gracias a esos hombres que pensaban más allá, que los guiaba la curiosidad y el deseo de encontrar las verdades se lograron grandes descubrimientos.

Lo que dice el autor de este ensayo es muy cierto, cuando un ser humano pierde el deseo de saber, de conocer las verdades, cuando pierde su curiosidad ante las cosas que nos rodean es como perder parte de nuestra vida, es permitir que la ignorancia se apodere de nosotros y que los prejuicios y creencias de otros se arraiguen de tal manera que pensemos que son nuestras.

No debemos permitir que la rutina nos ahogue y nos esclavice, debemos tener siempre el deseo de hacer algo diferente, de conocer, de curiosear, de pensar. Debemos permitirnos el derecho de tener nuestras propias ideas, nuestras propias creencias, no basado en lo que otros digan, sino en lo que nuestra lógica y nuestro criterio nos diga. Debemos huir de la rutina para no caer en la ignorancia.

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